Castillo Sant’Angelo (año 135)

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El Castillo de Sant’Angelo o Castel Sant’Angelo (también conocido como el Mausoleo de Adriano o Mole Adrianorum) es un monumento romano situado en la orilla derecha del río Tíber, en frente del pons Aelius (actual puente de Sant’Angelo), a poca distancia de la Ciudad del Vaticano.

Iniciado por el emperador Adriano en el año 135 para ser su mausoleo personal y familiar, fue terminado por Antonino Pío en 139. El monumento, levantado con piedra de travertino, estaba engalanado en su cima por una cuadriga en bronce guiada por el emperador Adriano. El edificio cambió de uso muy pronto y se convirtió en un edificio militar. Se integró a la Muralla Aureliana en el 403.

El actual nombre del castillo data del año 590, durante una gran epidemia de peste que golpeó la ciudad de Roma. El papa de la época, Gregorio I, vio al Arcángel San Miguel sobre la cima del castillo que envainaba su espada significando el fin de la epidemia. Para conmemorar la aparición, la estatua de un ángel corona el edificio (primero una estatua en mármol de Raffaello da Montelupo, y desde 1753 una de bronce de Pierre van Verschaffelt sobre un dibujo de Bernini).

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Desde 1277, el castillo está conectado con la Ciudad del Vaticano por un corredor fortificado, llamado Passetto, de unos 800 metros de longitud. La fortaleza fue el refugio del Papa Clemente VII durante el asedio y saqueo de Roma en el año 1527, que llevaron a cabo las tropas del rey Carlos I de España, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

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Castillo Sant’Angelo (fecha: año 135). Desde 1277, está conectado con la Ciudad del Vaticano. Foto:

Castillo Sant'Angelo

Cultura/estilo: Antigua Roma. País actual: Italia.

La Antigua Roma es tanto la ciudad de Roma como el Estado que fundó en la Antigüedad. La idea de la Antigua Roma es inseparable de la cultura latina. Se formó por una agrupación de pueblos en el siglo VIII a. C. y dominó el mundo mediterráneo y la Europa Occidental desde el siglo I hasta el V mediante la conquista militar y la asimilación de las élites locales. Su dominio ha dejado importantes huellas arqueológicas y numerosos testimonios literarios. Todavía hoy da forma a la imagen de la civilización occidental. Durante estos siglos, la civilización romana pasó de una monarquía a una república oligárquica y luego a un imperio autocrático.

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La imagen de una ciudad en continuo progreso no se corresponde plenamente con la complejidad de los hechos. Su historia no ha sido de crecimiento continuo: el progreso (a ritmos muy diferentes) ha sido seguido por el estancamiento y a veces incluso el retroceso. Pero los romanos lograron resolver las dificultades internas nacidas de la conquista bajo la República transformando sus instituciones republicanas. La fundación del Imperio por Augusto marcó el inicio de un período en el que la conquista romana alcanzó los límites del mundo conocido en aquel tiempo. La civilización romana, en parte influida por los griegos, tuvo una influencia duradera en las regiones conquistadas. A partir del siglo III, el mundo romano sufrió las grandes invasiones de los bárbaros del norte de Europa y Asia. Para resistirse a ellos, el Imperio necesitaba crear una nueva estructura burocrática y militar. En este marco se produjo la renovación del siglo IV, así como el establecimiento del cristianismo como religión del Estado. Después de la separación de Oriente y Occidente en el año 395, nuevas invasiones terminaron con el Imperio de Occidente en el año 476.

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Presa de la inestabilidad interna y de los ataques, principalmente, de los pueblos germánicos, la parte occidental del Imperio (que incluía Hispania, Galia, Britania, África del Norte e Italia) se dividió en reinos independientes a finales del siglo V. La parte oriental del Imperio, gobernada desde Constantinopla (que incluía Grecia, Anatolia, Siria y Egipto) sobrevivió a esta crisis. A pesar de la pérdida de Siria y Egipto por el naciente imperio árabe-islámico, el Imperio oriental continuó desarrollándose hasta que fue finalmente destruido por el Imperio otomano. Este imperio medieval y cristiano, llamado Imperio romano por sus habitantes, pero que los historiadores modernos llaman Imperio bizantino, es la última etapa evolutiva, sin interrupción en el poder imperial y la administración del Imperio romano.

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